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Lunes, 12 de Noviembre de 2007 |
Desde los primeros días del mes de noviembre se pueden observar ya algunos machos de corzo desprovistos de su cuerna. A diferencia del resto de cérvidos españoles, el corzo desmoga durante el mes de noviembre, mientras que ciervos y gamos, lo hacen durante los primeros días de la primavera.
La explicación de por qué el corzo elige caprichosamente el otoño para mudar su cuerna, está directamente relacionada con su estrategia de selección sexual, muy diferente también al del resto de ungulados de la península. Mientras que ciervos y gamos defienden sus harenes enfrentándose directamente con otros machos durante la berrea o la ronca a principios del otoño, el corzo utiliza su pequeña cuerna en el marcaje y defensa de un territorio durante la primavera, justo en el momento en el que las hembras buscan buenas condiciones de alimento y cobertura para dar a luz y alimentar a sus corcinos. De esta forma consiguen los machos atraer a una o dos hembras a sus dominios con las que más tarde se aparearán, ya bien entrado el verano.
La cuerna del corzo es una formación ósea característica de la mayoría de cérvidos, totalmente distinta, tanto en su origen como en su forma, de los cuernos de los bóvidos. Tras caer durante el desmogue, comienza enseguida un nuevo crecimiento que se prolongará durante dos o tres meses, creciendo a razón de 3 a 4 mm cada día. Las nuevas protuberancias están formadas por un esqueleto cartilaginoso, blando y cubiertas por un tejido epidérmico muy vascularizado denominado terciopelo o borra, que tras un proceso de mineralización se endurecen y provocan la muerte del tejido, adquiriendo a partir de este momento su verdadera función. La cuerna del corzo, es proporcionalmente menor que la de ciervos y gamos, con una estructura simple de tres puntas, frente a la de sus parientes, mucho más compleja y aparatosa. Esta compuesta de una corona o roseta en su base, de aspecto granuloso e irregular, desde donde parte un tallo principal que se ramifica normalmente en tres puntas, una dirigida hacia delante, punta anterior o luchadera, otra hacia atrás, punta posterior o candil posterior y una tercera hacia arriba, punta central. |