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| El corzo en el Valle de El Paular |
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| Naturaleza - Fauna |
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Las poblaciones de corzo (Capreolus capreolus) del Valle de El Paular y en general las de toda la Sierra de Guadarrama, se han mostrado como una de las más singulares de la Península Ibérica. Su historia se conoce desde el Pleistoceno Medio, tal y como atestiguan los restos del yacimiento de Pinilla del Valle. Actualmente el Valle de El Paular mantiene una de las poblaciones más numerosas y estables de la Comunidad de Madrid, y desempeña una labor clave en el mantenimiento de las poblaciones del piedemonte serrano.
Singularidades
Es una especie marcadamente territorial, prácticamente monógama, con una baja frecuencia asociativa. Se le suele observar sólo o en parejas, evitando grandes rebaños como la mayoría de las especies de medio boscoso. La amplitud del área de distribución y la diversidad de ambientes que coloniza, facilitan en esta especie la existencia de una alta variabilidad morfológica y ecológica que propicia en ocasiones la aparición de ecotipos locales. Por lo general, los corzos españoles mantienen el rango de animales territoriales, formando pequeños grupos, que suelen estar compuestos por núcleos familiares de la hembra con las crías de varios años. En casos de hábitats desnaturalizados, en los que los recursos se encuentran concentrados en determinados lugares, como son los agrosistemas, se han podido detectar grupos numerosos de individuos de ambos sexos. De igual forma, si se produce un período de escasez de alimento, pueden optar por desplazarse a grandes distancias, habiéndose observado en poblaciones europeas migraciones de cientos de kilómetros.Las densidades grandes facilitan el aumento del tamaño de las asociaciones. En caso de que éstas aumenten, la población expande su territorio, efectuándose una regulación en lo que a densidades se refiere entre poblaciones vecinas. Las poblaciones de la Sierra de Guadarrama, muestran por lo general un pelaje corto y suave de color crema en verano, tornándose largo y quebradizo con tonalidades castaño-grisáceas en la época invernal. El género Capreolus en general se reconoce por la presencia en los machos de cuernas con tres puntas y abundante perlado, por el escudo anal blanco con pelo erizable que rodea la rudimentaria cola y por tener una compartimentación incompleta del estómago, lo que les impide digerir alimentos con abundante celulosa. En el animal adulto la coloración es uniforme, presentando un manto variable según la época, que se aclara en el vientre y en la parte interna de las patas. Las únicas zonas con diferente color son la chapa o espejo anal blanco, el interior de las orejas, los párpados y labios que son de color blanco sucio, el bigote negro en el labio superior, y unas manchas blanquecinas conocidas como babero, que aparecen en la parte anterior del cuello en la mayoría de las poblaciones. Distribución y abundancia
En las penínsulas mediterráneas, el patrón de distribución se caracteriza por la fragmentación y la disminución de la densidad en las zonas más meridionales. En España, la presencia de corzo más estable y numerosa se encuentra en todo el norte de la Península, desde Galicia hasta el País Vasco y Pirineos, donde se han localizado las mayores densidades, hasta 15 y 20 ejemplares por km2. Aquí podemos observar que las poblaciones se distribuyen de forma continua, colonizando nuevos territorios en la última década. En los Sistemas Ibérico y Central, se localiza un área de distribución homogénea, en plena expansión, llegando ya hasta la parte más occidental de Las Batuecas por el oeste y a la Serranía de Cuenca por el este. Los Montes de Toledo, presentan un panorama menos halagüeño, aunque en los últimos años se hace cada vez más patente la expansión. Aún así, los núcleos de población son dispersos y aislados, principalmente en propiedades privadas en las que, salvo honrosas excepciones, se fomenta un producto cinegético en teoría más rentable como es el ciervo. En el Sur de la Península, después de un grave retroceso en el último siglo, se localizan poblaciones en diferentes provincias como Cádiz, Málaga, Córdoba, Jaén o Sevilla. Estos enclaves se mantienen estables, aunque presentando densidades relativamente bajas comparadas con el resto del país. Salvo casos puntuales (Sierra de Grazalema y Los Alcornocales), estos núcleos no superan en la mayoría de los casos los 2 individuos por km2. En general el gradiente norte-sur ha incrementado notablemente sus diferencias, observándose que las prósperas poblaciones de la mitad norte del país han extendido de forma sustancial sus áreas de expansión, colonizando territorios en los que su presencia era desconocida hasta hace unos pocos años. Factores ambientales como la disminución progresiva de la ganadería extensiva, el abandono del consumo de leña y la regeneración del monte bajo, le han beneficiado especialmente, poniendo de manifiesto la gran versatilidad desarrollada por este pequeño cérvido en cuanto a selección y consumo de alimento se refiere. Además, cualidades específicas como un potencial reproductor de dos a tres corcinos por hembra y una estrategia de cría basada en el mimetismo, han sido potenciadas bajo esta próspera situación. Factores de carácter social como el aumento del interés cinegético hacia el corzo en los últimos años y el consiguiente incremento de su rentabilidad económica, han empujado a la administración y a algunas Comunidades Autónomas a fomentar notablemente su gestión y conservación a través de numerosas investigaciones y estudios, que han supuesto un importante avance en el conocimiento de su biología y hábitat. ReproducciónLa época de celo comienza a finales de junio, prolongándose durante el mes de julio y primeros de agosto. Durante estos días son frecuentes las actividades de marcaje y defensa del territorio, pudiéndose observar, aunque no con demasiada frecuencia, las peleas entre machos que se encuentran en los límites de sus áreas de campeo.
Las fechas de nacimientos observadas en la Comunidad de Madrid se han situado durante el mes de mayo, en consonancia con la mayoría de las poblaciones del la mitad norte peninsular. Las fechas observadas en Europa oscilan desde el mes de abril, para las poblaciones más meridionales de Cádiz y Málaga hasta el mes de julio en las latitudes más septentrionales del continente. En las poblaciones del Valle de El Paular se ha corroborado durante el seguimiento la ocurrencia de partos triples, por lo que esta cifra puede asumirse como potencial reproductivo fisiológico de la especie en la zona. No obstante, la mayoría de las observaciones de ejemplares recién nacidos o de pocos días de vida pertenecían a camadas de dos crías. Morfología
Los de la Cordillera Cantábrica poseen una librea rojiza en verano y gris amarillenta en invierno con doble babero patente durante todo el año. Los originarios procedentes de regiones situadas más al sur, como Sierra Morena presenta una coloración de verano color gris, comparable a la invernal en centro Europa, pudiendo presentar manchas blancas en el cuello y manteniendo la coloración en los meses de invierno. Por otro lado en las poblaciones más meridionales de Cádiz y Málaga se distinguen dos patrones diferentes de coloración que se corresponden con los que popularmente se denominan “collalbo” y “morisco”. El primero de ellos varía en función de la época del año, desde rojizo en verano a gris en invierno pudiendo presentar baberos en el cuello.Por su parte el morisco no varía de coloración a lo largo del año y a pesar de mantener dos épocas de muda, su librea es siempre gris y sin babero en el cuello. Los patrones observados en los corzos del Valle de El Paular, a través de los datos del Cuaderno de Campo, reflejan una gran diversidad en este aspecto, dato que por otra parte es un fiel reflejo de la alta variabilidad genética expresada en los ejemplares analizados. Además, se observa que no coincide de forma exacta con ninguna de las zonas descritas en el resto de España lo que indicaría al igual que los datos genéticos una especial singularidad. Los corzos de las poblaciones analizadas presentan en la mayoría de los ejemplares un pelaje invernal castaño grisáceo con aspecto sedoso que puede presentar o no doble babero. Sin embargo en la época estival varía sustancialmente con ejemplares de coloración gris crema, marrón rojizo o castaño grisáceo con o sin babero. Si los comparamos con los corzos procedentes del Sistema Ibérico, muestran una coloración similar y coincidente a lo largo del año, con algunos de los ejemplares analizados en el Valle de El Paular, con un color leonado o marrón claro en verano como los detectados en el estudio y gris parduzco en invierno, aunque con la diferencia de no mostrar las típicas manchas blancas en el cuello, contrariamente a los madrileños, en los que en gran número de los ejemplares analizados era patente. Los individuos de la Cordillera Cantábrica coinciden en las tonalidades, aunque en éstos se manifiestan tonos mucho más suaves y claros, con doble babero patente durante todo el año, al contrario que Madrid en donde sólo se ha demostrado la presencia de babero en algunos ejemplares. Los originarios procedentes de regiones situadas más al sur, como Sierra Morena difieren totalmente de los de la zona de estudio al no coincidir en la coloración ni en la época del año. En las poblaciones de Cádiz y Málaga, los ejemplares denominados "collalbos", muestran cierta similitud con algunos ejemplares analizados en el Valle de El Paular, al coincidir en la coloración y en la presencia de babero, aunque como en el caso de los corzos cantábricos con tonalidades más suaves. El corzo, por lo general es una especie escasamente dimórfica, presentando pocas diferencias entre machos y hembras, en lo que a corpulencia se refiere. La corpulencia de los corzos analizados en el Valle de El Paular indica unos tamaños medios en comparación con otras poblaciones españolas, con un peso medio de 24,8 kg para los machos y 19,7 kg para las hembras, con una longitud de 110,8 cm para los machos y 104,7 cm para las hembras y una altura de 71,4 cm en los machos y 64,4 cm en las hembras. Si desea saber más, puede consultar la caracterización morfológica y genética del corzo en el Valle de El Paular. |

