El Molino de Papel de El Paular Imprimir
Historia y Cultura - Patrimonio

La cartuja de El Paular fue fundada en 1390 por el rey Juan I, concediéndole Juan II la propiedad sobre el río Lozoya junto al monopolio de la pesca y poseyendo, desde casi sus inicios, un importante molino papelero.

compra molinoEl origen del molino papelero, según un documento fechado en 1396, es anterior a la fundación del Monasterio y su gran desarrollo se debió a que los primeros monjes procedían de la cartuja de Scala Dei de Tarragona, centro de reconocido prestigio entre los papeleros medievales catalanes.

A principios del siglo XVI, encontramos un privilegio de la reina Dª Juana de Castilla en la que hace referencia al molino y, a partir de mediados del siglo XVI, en numerosos contratos de impresores se especifica que el papel utilizado debe ser de esta molino, dada su calidad y precio.

cuentas molinoA lo largo del siglo XVIII distintas fuentes siguen citando esta fábrica como la más prestigiosa de Castilla. Ponz en su Viaje de España, de 1781, hace mención del molino corroborando todo lo expuesto hasta ahora: “Se pasa éste (el río Paular o Lozoya) por un buen puente cercano al Monasterio para ir al molino de papel que allí posee la comunidad, y es casi tan antiguo como ella misma, habiendo servido siempre de lo que sirve ahora”. Según Eugenio Larruga, en sus Memorias Político y Económicas, en 1789, en el molino se fabricaban 5.000 resmas de papel anuales y contaba con 60 operarios. Este papel se vendía al público en la lonja de las Cuatro Calles de Madrid.

Madoz, en su Diccionario de 1847 dice: “La Sociedad Anónima Fábrica de papel continuo de Rascafría, se fundó en julio de 1824.... Posee una de las mejores máquinas que han venido del extranjero y elabora sobre 60 arrobas diarias de papel”.

A partir de esta fecha la fábrica pasó por diversos propietarios y en 1928 se cerró definitivamente, al canalizarse el agua del río Lozoya para abastecer Madrid.

Pero este importante molino papelero adquiere una especial relevancia ya que con el papel salido de sus tinas se imprimió la primera edición de El Quijote. Es un papel de baja calidad y descuidada elaboración en el cual se aprecian múltiples impurezas e irregularidades y que lleva una filigrana usada por este molino. Esta filigrana de pequeña factura está situada entre dos corondeles y representa el anagrama del molino de El Paular coronado por la bola del mundo bajo el signo de la cruz, símbolo de los cartujos.

Además de la presencia de esta filigrana, existen numerosos contratos, fechados en los primeros años del siglo XVII, de compra de papel al monasterio realizadas por Juan de la Cuesta y Francisco de Robles, impresor y librero, respectivamente, de esta primera edición, según consta en su portada.